La jornada del lunes 28 de abril de 2025 quedará grabada como una de las más críticas para la aviación del suroeste europeo en los últimos años. Un apagón eléctrico masivo afectó a España, Portugal y partes de Francia, dejando fuera de servicio durante varias horas a los operadores de telecomunicaciones que proveen la infraestructura vital de voz y datos a ENAIRE. Sin embargo, en una demostración ejemplar de profesionalidad y coordinación, el cielo español no se cerró ni por un segundo. ¿Cómo fue posible?
La respuesta está en el trabajo silencioso pero esencial de los equipos técnicos y operativos de ENAIRE, especialmente de los profesionales ATSEP (Air Traffic Safety Electronics Personnel) y de los controladores aéreos. Su labor conjunta, respaldada por sistemas de contingencia y protocolos de emergencia robustos, permitió mantener la seguridad y continuidad del tráfico aéreo en todo momento.
Contingencia frente al caos
A las 12:30 del mediodía, el fallo en el suministro eléctrico dejó sin alimentación a los proveedores de telecomunicaciones Telefónica y Evolutio. Esto comprometió la provisión de servicios esenciales como datos radar y comunicaciones por voz entre pilotos y controladores. Ante un escenario de riesgo potencial para miles de vuelos, ENAIRE activó de inmediato su Comité de Crisis.
Fue entonces cuando los ATSEP, técnicos especializados en garantizar la operatividad de sistemas de navegación aérea, jugaron un papel protagonista. Estos profesionales supervisaron y mantuvieron activos los generadores de respaldo, que cuentan con autonomía para cuatro días, asegurando la alimentación energética de los centros de control en Madrid, Barcelona y Sevilla. Su pericia técnica evitó que la infraestructura crítica quedase inoperativa.
Los controladores: en primera línea
Al mismo tiempo, los controladores aéreos adaptaron su operativa a unas condiciones excepcionales. Con información parcial y sistemas alternativos, aplicaron medidas de regulación del tráfico aéreo en coordinación con EUROCONTROL, Aena y las compañías aéreas. Su capacidad de toma de decisiones en tiempo real, apoyada en su formación y experiencia, evitó demoras masivas y mantuvo el flujo del tráfico con el menor impacto posible.
Se implementaron restricciones temporales en ciertos sectores del espacio aéreo para evitar sobrecargas. La seguridad, como siempre, fue la prioridad.
Una red resiliente, una lección de coordinación
El restablecimiento paulatino del servicio de los operadores externos permitió recuperar la operativa al 100% en las horas siguientes. Pero más allá de la resolución técnica, la jornada fue una muestra de lo que ocurre cuando los engranajes humanos de un sistema altamente complejo funcionan con precisión.
No hubo aplausos ni portadas para ellos, pero sin ATSEP ni controladores, el tráfico aéreo en España se habría detenido. La jornada del 28 de abril evidenció que la seguridad aérea no es solo una cuestión de tecnología, sino del compromiso de quienes la hacen posible cada día.