La automatización del control aéreo avanza más rápido que la regulación

La inteligencia artificial y los sistemas automatizados están transformando la gestión del tráfico aéreo, mientras reguladores y profesionales afrontan el reto de adaptar la normativa a una tecnología que evoluciona a gran velocidad.

La progresiva automatización de la gestión del tráfico aéreo está transformando el trabajo de los controladores y plantea una pregunta cada vez más relevante para la seguridad operacional: ¿está la regulación avanzando al mismo ritmo que la tecnología? El debate ha cobrado fuerza ante la incorporación de sistemas cada vez más automatizados y de herramientas basadas en inteligencia artificial (IA) destinadas a procesar grandes cantidades de información, detectar posibles conflictos y mejorar la capacidad y eficiencia del espacio aéreo. Un análisis publicado por The Conversation, elaborado por Cindy Hendrikse, doctora en Derecho Aeronáutico de la Universidad de Ciudad del Cabo, advierte de que la automatización puede aportar importantes beneficios, pero también generar nuevos riesgos si no se acompaña de una adecuada adaptación de los procedimientos, la formación y los marcos regulatorios.

Del controlador que interviene al controlador que supervisa

Uno de los principales cambios derivados de la automatización es la evolución del papel del controlador aéreo. En lugar de intervenir de forma constante en la separación de las aeronaves, el profesional pasa progresivamente a supervisar los sistemas y actuar cuando estos no pueden resolver una determinada situación. Esta transformación puede reducir determinadas cargas de trabajo, pero introduce nuevos desafíos cognitivos. Entre ellos se encuentran la excesiva confianza en la automatización, la pérdida de conciencia situacional y el deterioro de determinadas habilidades manuales que dejan de utilizarse con frecuencia. El problema no reside necesariamente en un mal funcionamiento de la tecnología. Un sistema automatizado puede funcionar exactamente como fue diseñado y, sin embargo, generar nuevas situaciones de riesgo debido a la manera en que los profesionales interactúan con él.

Cuando falla la automatización, aumenta la carga de trabajo

Uno de los aspectos más relevantes señalados en el estudio es que los fallos de los sistemas automatizados pueden provocar un incremento repentino de la carga de trabajo del controlador. El riesgo aumenta cuando el profesional ha desarrollado una elevada dependencia de la tecnología y tiene que recuperar rápidamente procedimientos manuales o asumir tareas que habitualmente realiza el sistema. La investigación recoge además la existencia de procedimientos alternativos o workarounds empleados por controladores para superar determinadas limitaciones de los sistemas. Estas soluciones improvisadas pueden convertirse en un factor de riesgo cuando no están contempladas dentro de los procedimientos oficiales. La cuestión abre, además, un complejo interrogante jurídico: si se produce un incidente como consecuencia de una interacción entre un controlador, un sistema automatizado y un procedimiento no previsto, ¿quién debe asumir la responsabilidad?

La inteligencia artificial añade una nueva dimensión

La llegada de la inteligencia artificial introduce una capa adicional de complejidad. Los sistemas de IA pueden analizar información y ofrecer asistencia en procesos que hasta ahora dependían en mayor medida de la intervención humana. Sin embargo, su incorporación al control del tráfico aéreo obliga a determinar cómo se certifican estos sistemas, cómo se supervisan y qué nivel de autonomía pueden alcanzar. El estudio apunta a una carencia importante: los marcos regulatorios internacionales no siempre han evolucionado al mismo ritmo que las nuevas tecnologías. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) lidera la evolución mundial de la gestión del tráfico aéreo, pero los procesos para establecer nuevos estándares son necesariamente largos. En Europa, la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA) planteó en 2023 el desarrollo de un nuevo marco regulatorio para la certificación de sistemas automatizados, precisamente ante la necesidad de adaptar la normativa a esta nueva realidad tecnológica.

La formación también debe cambiar

La automatización no solo exige nuevas normas. También obliga a revisar la formación de los profesionales. Según la investigación, algunos programas formativos no preparan suficientemente a los controladores para las situaciones que pueden producirse cuando interactúan con sistemas automatizados. A ello se suma que determinados procedimientos diseñados para tecnologías anteriores pueden no adaptarse perfectamente a las capacidades y limitaciones de los nuevos sistemas. La consecuencia puede ser una progresiva separación entre lo que el sistema permite hacer, lo que establecen los procedimientos y lo que realmente ocurre en la operación diaria. Precisamente ahí aparece uno de los riesgos más difíciles de detectar: la denominada deriva operacional, mediante la cual las prácticas reales van alejándose progresivamente de los procedimientos establecidos sin que necesariamente exista un cambio formal.

La tecnología no sustituye al factor humano

La conclusión del análisis resulta especialmente relevante para el futuro de la navegación aérea: la automatización no debe entenderse exclusivamente como una cuestión tecnológica.La seguridad dependerá de la interacción entre personas, tecnología, organizaciones y regulación. Culpar exclusivamente al controlador o al sistema cuando se produce un incidente puede resultar insuficiente para comprender las verdaderas causas.La propia documentación histórica de la OACI sobre factores humanos y automatización ya advertía de que la automatización no elimina necesariamente los errores humanos, sino que puede trasladarlos a otras fases del sistema y modificar el papel del operador. En este contexto, el reto para los reguladores será determinar cómo certificar los sistemas basados en IA, cómo supervisar su funcionamiento, cómo garantizar que los controladores mantienen las competencias necesarias y, especialmente, cómo distribuir la responsabilidad cuando la decisión final es el resultado de una interacción entre una persona y una máquina.

El reto para la aviación española

El debate resulta especialmente relevante para España, donde ENAIRE afronta también un proceso de modernización tecnológica orientado a aumentar la capacidad y eficiencia de la gestión del tráfico aéreo. La automatización puede ser una herramienta fundamental para responder al crecimiento del tráfico y mejorar la eficiencia del sistema. Pero el avance tecnológico debería ir acompañado de una actualización paralela de la regulación, la formación, los procedimientos y los mecanismos de supervisión. El futuro del control aéreo probablemente no será un escenario en el que las máquinas sustituyan completamente a los controladores, sino uno en el que humanos y sistemas automatizados trabajen conjuntamente. La cuestión fundamental, por tanto, no es si debe automatizarse el control aéreo. La automatización parece inevitable. La verdadera pregunta es si la industria y los reguladores serán capaces de garantizar que esa transformación tecnológica avance siempre dentro de unos límites compatibles con la seguridad operacional.

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