Oklahoma City, EE. UU. – En un intento por aliviar una crisis de personal que pone en riesgo la seguridad aérea, la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) ha aumentado drásticamente el reclutamiento de controladores del tráfico aéreo. Pero el esfuerzo tropieza con un problema estructural: faltan instructores suficientes para formar a los nuevos reclutas con la calidad que exige la tarea.
La FAA dio la bienvenida al que hasta ahora ha sido su mayor grupo de nuevos alumnos: 600 reclutas ingresaron recientemente a la Academia de Aviación en Oklahoma City. Esta cifra representa un paso adelante en la estrategia de “supercargar” la contratación.
El cuello de botella
Detrás del optimismo institucional se esconden informes internos que describen una realidad estresante: instructores que ya trabajan horas excesivas, con jornadas de hasta 17 horas diarias, duplicando turnos para cubrir la demanda. Muchos de estos docentes —que en muchos casos son controladores retirados de entre 60 y 80 años— se sienten al borde del agotamiento.
Un correo interno llegó a pedir voluntarios para “turnos dobles en el mini laboratorio para entrenamiento de RPO”, advirtiendo que quienes aceptaran tendrían que estar “valientes, con cafeína y listos para ser una leyenda”.
Cifras que alarman
- Se calcula que faltan unos 3.000 controladores de tráfico aéreo capacitados en todo el país.El coste de formación por alumno en la academia ronda los 130.000 dólares. Aproximadamente el 35 % de los alumnos no logra completar el curso académico.
Consecuencias inmediatas
Esto no sólo afecta al bienestar de los instructores, sino que tiene implicaciones directas en la calidad de la enseñanza. En algunos casos, la escasez obliga a reducir la atención personalizada, especialmente en clases críticas. Además, la FAA ha reconocido que la falta de docentes “prácticamente limita el volumen de formación que puede realizar”.
Medidas en marcha
Para frenar la crisis, la FAA ha identificado varios frentes de actuación:
- Bonificaciones e incentivos para que los controladores en activo pospongan su retiro, de modo de mantener profesores con experiencia.
- Incremento salarial para los instructores contratistas: se ha acordado un aumento del 3 % anual, además de mejorar los reembolsos por desplazamientos, que suben de 60 a 90 dólares diarios para quienes vienen de fuera.
- Reasignación del personal interno: se planea traer instructores de otras áreas para ayudar en la academia.
- Uso de profesionales de ciencias e ingeniería para impartir los cursos introductorios, liberando a los instructores más especializados para labores críticas. Esta medida genera polémica, pues algunos alegan que los cursos introductorios también requieren la experiencia directa del control aéreo.
El dilema de la experiencia vs. la cantidad
Uno de los puntos de tensión es cómo equilibrar la necesidad de aumentar el número de graduados sin sacrificar la calidad. Los instructores advierten que muchos estudiantes podrían recibir una formación menos robusta si los docentes no pueden dedicar el tiempo necesario por alumno.
Tom Lintner, ex controlador y funcionario de la FAA, lo resume: enseñar a un controlador es comparable a enseñar a volar un avión; no se puede hacer de forma colectiva sin perder precisión.
Desafío: Falta de instructores
El desafío está claro: sin suficientes instructores, incluso la estrategia más agresiva de contratación puede quedarse corta. Estados Unidos necesita no solo llenar plazas de controladores del tráfico aéreo, sino también asegurar que quienes enseñan tengan respaldo, tiempo y recursos suficientes.
La pregunta que subyace es si las políticas actuales bastan para evitar una crisis que podría afectar la seguridad aérea, antes que los récords de reclutamiento se conviertan en simples cifras sin impacto efectivo.