Este artículo se basa en una tribuna de opinión firmada por Sharon B. DeVivo, presidenta de Vaughn College of Aeronautics and Technology, en Flushing, Nueva York. El contenido recoge su planteamiento sobre cómo ampliar la cantera de controladores aéreos en Estados Unidos mediante vías formativas complementarias.
Una presión creciente sobre la cantera de controladores
La falta de controladores aéreos sigue siendo uno de los grandes retos estructurales del sistema aeronáutico estadounidense. En una tribuna publicada en Aviation Week, Sharon B. DeVivo sostiene que la pregunta clave ya no es solo cómo formar más profesionales, sino cómo hacerlo con mayor rapidez sin comprometer la preparación ni la seguridad operacional.
El punto de partida de su análisis es claro: el acceso a la profesión debe seguir siendo exigente. El control del tránsito aéreo es una actividad crítica para la seguridad, sometida a altos niveles de presión, coordinación y toma de decisiones en tiempo real. Sin embargo, DeVivo defiende que una única ruta formativa no necesariamente responde a todos los perfiles ni a la escala del problema actual.
Según la autora, la demanda pendiente se situaría entre 3.000 y 4.000 puestos sin cubrir, una cifra que enmarca la necesidad de ampliar la capacidad del sistema. La solución, plantea, no pasaría por sustituir el modelo tradicional, sino por añadir vías complementarias, rigurosas y alineadas con los requisitos operativos.
Qué es el Enhanced AT-CTI y por qué importa
El eje de la tribuna es el programa Enhanced Air Traffic-Collegiate Training Initiative (Enhanced AT-CTI, Iniciativa Universitaria Reforzada de Formación en Control de Tránsito Aéreo), impulsado bajo supervisión de la Federal Aviation Administration (FAA, Administración Federal de Aviación de Estados Unidos). La propia FAA explica que esta iniciativa permite a instituciones cualificadas impartir una formación equivalente a la de la FAA Academy en control de tráfico aéreo, de modo que los graduados, si son contratados, puedan pasar directamente a una instalación operativa para iniciar la formación local.
Vaughn College fue incorporado al programa Enhanced AT-CTI mediante un acuerdo anunciado por la FAA el 9 de abril de 2025. La agencia señaló entonces que los estudiantes de esta vía deben cumplir requisitos adicionales, incluidos la superación del Air Traffic Skills Assessment (ATSA, evaluación de habilidades para control de tránsito aéreo), así como exigencias médicas y de seguridad.
La diferencia clave está en el itinerario. Frente a la vía convencional, que pasa por la FAA Academy en Oklahoma City, el modelo Enhanced AT-CTI permite que determinados graduados avancen hacia torres de control seleccionadas por la FAA, siempre que cumplan los requisitos establecidos. No se trata, por tanto, de una rebaja de estándares, sino de una redistribución de parte de la formación hacia centros académicos aprobados.
El caso Vaughn College: primera cohorte con 100% de aprobados
DeVivo cita como ejemplo la primera cohorte Enhanced AT-CTI de Vaughn College of Aeronautics and Technology. Según la institución, nueve estudiantes se matricularon en el programa de dos semestres en otoño de 2025 y todos completaron el itinerario con una tasa de éxito del 100%.
Para la autora, este resultado es una señal temprana de que los modelos formativos pueden evolucionar sin perder exigencia. En su opinión, el valor del programa está en combinar preparación académica, simulación, evaluación continuada y más tiempo de entrenamiento dentro de un entorno estructurado.
El enfoque de Vaughn College incluye instructores con experiencia previa como controladores en la región metropolitana de Nueva York, una de las áreas de tráfico aéreo más complejas de Estados Unidos. Ese detalle es relevante para una audiencia profesional: la calidad del instructor, la exposición repetida a escenarios simulados y la familiaridad con entornos de alta densidad pueden influir directamente en la madurez operacional del alumno.
La autora recoge además la percepción de los propios participantes. Uno de los graduados afirmó que la preparación recibida les hizo sentirse “más que listos”. También cita a un evaluador que comparó el desempeño observado con el ambiente de una dependencia real de control, señalando que los alumnos estaban preparados para avanzar.
Complementar, no reemplazar, la vía tradicional
Uno de los puntos centrales de la tribuna es que el Enhanced AT-CTI no sustituye la formación tradicional de la FAA. La vía histórica ha producido generaciones de controladores cualificados y sigue siendo la base del sistema. El argumento de DeVivo es distinto: si la capacidad de la academia está al límite, la respuesta debe incluir más flexibilidad, más sedes de formación y más formas de preparar a candidatos con potencial.
Desde una perspectiva de gestión de recursos humanos, el modelo introduce una lógica de capacidad distribuida. En lugar de concentrar toda la formación inicial avanzada en un único punto, parte del proceso se desplaza a instituciones aprobadas, bajo estándares de la FAA y con requisitos de evaluación comunes.
Para el sector, la cuestión técnica no es menor. En control aéreo, la formación no solo consiste en adquirir conocimiento teórico, sino en demostrar criterio, comunicación precisa, conciencia situacional, priorización y tolerancia al estrés. Por eso, cualquier expansión de la cantera debe mantener controles estrictos sobre la calidad de la simulación, la evaluación de competencias y la transición posterior a la formación local en dependencia.
Impacto potencial para el sistema de control aéreo
La tribuna de Sharon DeVivo encaja en un debate más amplio: cómo reforzar la resiliencia del sistema de navegación aérea ante jubilaciones, rotación, fatiga y crecimiento de la demanda. Aunque el artículo se centra en Estados Unidos, el problema tiene resonancia internacional, especialmente en sistemas donde la disponibilidad de controladores condiciona capacidad aeroportuaria, gestión de slots y eficiencia de red.
La hipótesis de fondo es que una cantera más amplia y mejor adaptada a distintos estilos de aprendizaje puede mejorar el flujo de entrada sin sacrificar seguridad. DeVivo resume esa idea en tres principios: mantener estándares rigurosos, adaptar la preparación a cómo aprenden mejor los candidatos y construir la preparación mediante experiencias inmersivas y estructuradas.
El desafío será comprobar si los resultados iniciales se sostienen a medida que el programa crezca. Una cohorte de nueve alumnos con 100% de éxito es un indicador positivo, pero todavía limitado. Para evaluar el impacto real harán falta métricas posteriores: rendimiento en dependencia, tiempo hasta la certificación local, tasas de abandono, resultados comparados con la vía de la FAA Academy y capacidad de escalar el modelo sin diluir la calidad.
Conclusión: una vía adicional para un problema urgente
El artículo de opinión de Sharon B. DeVivo defiende una idea pragmática: ante la escasez de controladores, el sistema no necesita elegir entre tradición e innovación, sino integrar varias vías rigurosas hacia el mismo objetivo operacional.
El Enhanced AT-CTI aparece como una herramienta para ampliar el acceso a la profesión, aprovechar capacidades académicas ya existentes y reducir cuellos de botella formativos. Su éxito dependerá de que la FAA mantenga una supervisión estricta, de que los centros aprobados garanticen calidad homogénea y de que los graduados demuestren competencia real en el entorno operativo.
Para los profesionales del control aéreo, el debate no es meramente académico. Afecta a la capacidad futura del sistema, a la carga de trabajo en dependencias, a la continuidad del servicio y, sobre todo, a la seguridad. La opinión de DeVivo aporta una defensa clara de las vías complementarias: más flexibilidad, sí, pero con los mismos estándares que exige una profesión crítica.