La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTSB, por sus siglas en inglés) publicó el 27 de agosto de 2026 un informe preliminar sobre el incidente registrado el 4 de agosto entre el helicóptero presidencial Marine One y un vuelo comercial de Envoy Air, que perdieron la separación mínima reglamentaria en el espacio aéreo del aeropuerto Ronald Reagan de Washington.
Qué ocurrió el 4 de agosto
Según detalla la NTSB, Marine One despegó desde La Elipse, el jardín situado junto a la Casa Blanca donde el helicóptero operaba de forma temporal por obras de construcción en su helipuerto habitual, en el mismo momento en que el vuelo 3742 de Envoy Air, un Embraer E-170, despegaba del aeropuerto Ronald Reagan (DCA). Las dos aeronaves llegaron a estar separadas por apenas 1,5 kilómetros (0,82 millas náuticas) en horizontal y 213 metros (700 pies) en vertical, una distancia inferior a los mínimos de separación establecidos por los controladores de la torre.
Un fallo de comunicación anunciado
El informe preliminar de la NTSB atribuye el origen del incidente a la falta de «línea de visión adecuada» entre el emisor-receptor de radio de la Administración Federal de Aviación (FAA) y La Elipse, lo que impidió que la torre de control recibiera con claridad los avisos de despegue de Marine One. Según la investigación, el primer intento de contacto del helicóptero no llegó a recibirse, y el segundo resultó «entrecortado y completamente ininteligible»; un tercer intento de retransmisión a través de la Base Conjunta Anacostia-Bolling tampoco tuvo éxito.
El problema no era nuevo: una semana antes, el 30 de julio, la escuadrilla de helicópteros presidenciales HMX-1 se había reunido con personal de la torre de Reagan National para abordar comunicaciones que, según reconoció la propia unidad, ya venían siendo irregulares. En esa reunión se acordó un método de comunicación alternativo que, sin embargo, también falló el día del incidente. Al no recibir el aviso reglamentario de tres minutos antes del despegue del helicóptero presidencial, el controlador no pudo aplicar el procedimiento habitual de detener temporalmente las salidas comerciales durante los movimientos de la aeronave presidencial.
Respuesta de la Casa Blanca y medidas correctoras
Desde la Casa Blanca se ha señalado que «Marine One es pilotado por algunos de los mejores aviadores del mundo» y que «en ningún momento el presidente estuvo en peligro». Tras conocerse las causas técnicas, la FAA ha reubicado el equipo de radio implicado a la propia torre de control del aeropuerto para eliminar el problema de línea de visión detectado.
El caso se conoce además en un contexto de mayor escrutinio sobre las comunicaciones entre el tráfico militar y civil en el entorno de Washington, después de que se revelara previamente que una línea directa entre el Pentágono y la torre de Reagan National había permanecido inoperativa más de tres años sin que la FAA tuviera constancia de ello.
Un espacio aéreo bajo vigilancia
El aeropuerto Ronald Reagan, situado a apenas 6 kilómetros del Capitolio, combina un intenso tráfico comercial con los movimientos de aeronaves oficiales y militares, lo que lo convierte en uno de los espacios aéreos más complejos de gestionar en Estados Unidos. La NTSB no ha adelantado si formulará recomendaciones de seguridad adicionales antes de cerrar su investigación definitiva, cuya fecha de publicación no se ha concretado.