Ryanair cuestiona el control aéreo español, pero los datos no permiten poner en duda a sus profesionales

La crítica de la aerolínea vuelve a situar a los controladores aéreos en el centro del debate sobre los retrasos, aunque el crecimiento récord del tráfico y la reducción de las demoras atribuibles a la gestión del tráfico aéreo ofrecen una fotografía mucho más compleja

Las declaraciones de Ryanair contra el sistema español de control aéreo han vuelto a abrir un debate que conviene abordar con rigor. La compañía irlandesa ha llegado a afirmar que España cuenta con «el peor control aéreo de Europa» y ha responsabilizado a ENAIRE del incremento de sus retrasos durante 2026. Sin embargo, convertir esas demoras en una crítica directa a la profesionalidad de los controladores aéreos españoles supone simplificar en exceso una realidad mucho más compleja. El debate sobre la capacidad del espacio aéreo español es legítimo. También lo es exigir a los gestores y a las autoridades que dispongan de los medios humanos y técnicos necesarios para afrontar el crecimiento de la demanda. Pero una cosa es analizar la planificación de capacidad de un sistema y otra muy diferente cuestionar la profesionalidad de quienes, desde las posiciones de control, trabajan diariamente bajo unas exigencias de seguridad extraordinariamente elevadas.

Récord histórico de tráfico en plena temporada alta

Los datos conocidos durante este verano ofrecen un elemento fundamental para entender la situación. ENAIRE gestionó en julio 257.909 vuelos, un 5,5% más que en julio de 2025, convirtiendo el mes en el de mayor tráfico de toda su historia. Además, el récord diario registrado durante 2025 fue superado en 30 ocasiones durante julio. El 25 de julio se alcanzaron 8.459 operaciones y apenas unos días después, el 1 de agosto, se estableció un nuevo máximo con 8.548 vuelos. Son cifras que permiten dimensionar el esfuerzo que está soportando el sistema español de navegación aérea. España no está gestionando un volumen de tráfico estable: está absorbiendo un crecimiento muy intenso, particularmente en un periodo de máxima demanda turística. Entre enero y julio, ENAIRE gestionó 1.470.821 vuelos, un 4,2% más que en el mismo periodo de 2025 y un 18,7% más que en 2019. El crecimiento español se situó, además, por encima de la evolución media europea. Es precisamente en este contexto donde resulta necesario separar la existencia de problemas de capacidad de una supuesta falta de profesionalidad de los controladores.

Los retrasos no son sinónimo de mala actuación de los controladores

Ryanair sostiene que los retrasos vinculados a ENAIRE han aumentado un 28% y atribuye buena parte del problema a una insuficiente dotación de personal y a una planificación que, a su juicio, no habría respondido adecuadamente al crecimiento previsto. Son cuestiones que deben analizarse y, si existen déficits de capacidad, deben corregirse. Pero la ecuación retraso = mal trabajo del controlador es técnicamente demasiado simplista. El controlador aéreo trabaja dentro de un sistema condicionado por la capacidad disponible, la meteorología, las restricciones del espacio aéreo, las incidencias técnicas, la configuración de las rutas, la demanda existente y las decisiones de gestión de afluencia. Y, sobre todo, tiene una prioridad que está por encima de cualquier indicador de puntualidad: la seguridad.

La propia Agencia Estatal de Seguridad Aérea define al controlador como el profesional encargado de dirigir el tránsito de aeronaves de forma fluida, segura y ordenada y de prevenir colisiones entre aeronaves y obstáculos. Eso significa que cuando la capacidad del sistema llega a determinados límites, la respuesta profesional no puede consistir en asumir riesgos para evitar retrasos. El controlador debe mantener las separaciones y aplicar los procedimientos establecidos, aunque ello tenga consecuencias sobre la puntualidad.

Un sistema que ha respondido a un tráfico extraordinario

Hay otro dato especialmente relevante que debería incorporarse al debate. Mientras Ryanair denuncia un empeoramiento del servicio, ENAIRE informó de que durante julio las demoras atribuibles a la gestión del tráfico aéreo se redujeron un 20,8% respecto al mismo mes del año anterior, al mismo tiempo que se alcanzaba el récord absoluto de operaciones. Ambas realidades pueden coexistir: puede haber retrasos y problemas de capacidad que deban solucionarse y, simultáneamente, puede estar mejorando el comportamiento de determinados indicadores del sistema. De hecho, ENAIRE puso en marcha para este verano un plan con más de 70 medidas y contó con 79 controladores adicionales respecto a 2025. Además, las convocatorias realizadas durante 2024 y 2025 contemplan la incorporación de 307 nuevos controladores aéreos. La cuestión, por tanto, parece estar más relacionada con cómo aumentar la capacidad de un sistema sometido a un crecimiento extraordinario que con la supuesta falta de profesionalidad de quienes se encuentran trabajando en primera línea.

Una profesión en la que el error no es una opción

Conviene recordar qué significa ser controlador aéreo. No se trata simplemente de «ordenar aviones» para que lleguen antes a su destino. Cada decisión se toma dentro de un entorno altamente regulado, con procedimientos internacionales, requisitos de formación y recurrentes evaluaciones de competencia. La normativa establece que los controladores aplican las reglas y procedimientos establecidos por organismos como OACI, EASA y las autoridades aeronáuticas nacionales. Por eso resulta injusto trasladar directamente sobre estos profesionales la responsabilidad de cualquier retraso registrado en un aeropuerto o en un centro de control. El pasajero que permanece sentado en un avión durante una hora adicional puede percibir únicamente que «el control aéreo va mal». Sin embargo, detrás de esa espera puede existir una regulación de afluencia, una tormenta en otro sector, una restricción temporal de capacidad, una incidencia técnica, una saturación puntual o la necesidad de incrementar las separaciones para mantener los márgenes de seguridad. El controlador no decide cuánto tráfico quiere recibir. Gestiona el tráfico que el sistema pone bajo su responsabilidad y lo hace aplicando los procedimientos establecidos.

El crecimiento español también es consecuencia del éxito del sector

España se encuentra en una posición particularmente exigente. Su espacio aéreo soporta un volumen de tráfico muy elevado y continúa creciendo a un ritmo superior al de buena parte de Europa. La propia planificación de ENAIRE contemplaba para 2026 un nivel de tráfico español equivalente al 119% del registrado en 2019, mientras que para Europa la previsión era del 102%. Es decir, España afronta un escenario de crecimiento especialmente intenso. Ese crecimiento es una excelente noticia para el turismo, los aeropuertos, las aerolíneas y la economía española. Pero también exige inversión, planificación, infraestructuras, tecnología y, sobre todo, profesionales suficientes. Y ahí sí existe un debate que merece ser abordado: si el tráfico crece de manera sostenida, las administraciones y los gestores deben anticiparse a las necesidades futuras de capacidad.

Más medios, sí. Desprestigiar a los profesionales, no

Ryanair tiene derecho a reclamar una mejora de la puntualidad. Las compañías aéreas, al igual que los pasajeros, son las primeras interesadas en que el sistema funcione con la máxima eficiencia. Pero reclamar más capacidad, más personal o una mejor planificación no debería convertirse en una descalificación general de los profesionales que hacen posible que cientos de miles de aeronaves atraviesen cada mes el espacio aéreo español con seguridad. Los controladores aéreos españoles trabajan precisamente en el punto más sensible de todo el sistema. Son quienes deben tomar decisiones en tiempo real cuando las circunstancias cambian y quienes tienen que mantener la seguridad incluso cuando la presión por reducir las demoras es máxima. Y los datos de este verano muestran que, pese al crecimiento extraordinario del tráfico, el sistema ha sido capaz de gestionar cifras históricas de operaciones y reducir las demoras atribuibles a la gestión del tráfico aéreo en julio. Por ello, el debate debería centrarse en capacidad, planificación y recursos, no en poner en cuestión de manera genérica la profesionalidad de los controladores.Porque cuando un avión despega, asciende, cruza el espacio aéreo español y aterriza de forma segura, detrás de esa operación no solo hay tecnología y procedimientos. Hay también un profesional que ha tomado decisiones en cuestión de segundos y que sabe que, en su trabajo, la seguridad siempre está por encima del reloj. Y esa profesionalidad merece ser reconocida incluso cuando el sistema tenga problemas que solucionar.

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