Por: Controlator
Dos cuestiones intrínsecamente relacionadas son: la necesidad de control y la confianza. Algunas personas necesitan tener control sobre casi todos los aspectos de sus vidas, son autónomas y prefieren llevar ellas mismas sus asuntos. Pero la mayoría de la gente es opuesta a esta descripción. La mayoría de la gente deposita en otros la responsabilidad sobre muchos aspectos de su vida de manera voluntaria, renuncia a su soberanía y deja que sean otros los que manejen sus asuntos, incluso aquéllos que son vitales.
Lo esencial es que para ceder el control a otro, tienes que confiar en ese otro, la confianza lo es todo y por eso es tan esencial a la hora de tratar con la gente. Si decimos que una mayoría de la gente prefiere ceder el control de sus vidas, sabemos que una mayoría de la gente va a tener unos representantes que serán elegidos en base a la confianza que la gente tiene en ellos. Esto ocurre en política y en cualquier otro aspecto de la vida.
Los grandes estafadores son personas cuya capacidad principal es la de ganarse la confianza de la gente, si no lo supieran hacer, no podrían estafar a nadie, la confianza es un requisito previo. Alguien que provoca repentinamente un exceso de amabilidad sin venir a cuento, es de entrada sospechoso y no digno de confianza; y, por el contrario, alguien distante y esquivo tampoco transmite confianza. Cuando alguien confía en otro, se establecen unos lazos invisibles que a veces, de manera irracional cuesta romper. El motivo es que todos somos esclavos de nuestro pasado, reconocer un error al depositar la confianza en alguien es reconocer un error nuestro, es cuestionar nuestra propia imagen y nuestra auto estima, y el ego es muy, muy poderoso.
Podemos dar unas características generales de la gente que sabe ganarse la confianza de los demás. Es gente normalmente muy simpática, da gusto estar con ella, tiene una inteligencia social enorme. Es gente con buena imagen física, no exactamente belleza, sino más bien una buena comunicación no verbal. El poder ya conseguido aumenta la confianza, la gente piensa ingenuamente “si muchos otros ya han confiado en él, no pueden estar todos equivocados”. Por último es gente que vende seguridad en sí misma y es capaz de trasladar esa seguridad a los demás.
Otra característica de la confianza es que nadie sabe a ciencia cierta lo que sucederá en el futuro, pero para depositar la confianza en alguien al menos tenemos que suponer que la otra persona no nos causará daño. No tenemos ninguna certeza de que así será, pero las palabras, los gestos y el pasado (real o inventado) de esa persona son los que nos conducen a confiar en ella.
Depositar la confianza en otro supone un riesgo, es cómodo y a veces imprescindible, pero, en todo caso es arriesgado. La manera de minimizar el riesgo, sobre todo cuando se trata de cuestiones esenciales, es hacer un seguimiento continuo y crítico, no dejarse llevar por simpatías ni por palabras bonitas que transmiten falsas esperanzas, sino por los hechos, que son los verdaderos medidores de la realidad.
La confianza a veces podemos elegir quedárnosla, otras veces no nos queda más remedio que otorgarla, pero siempre que se deposita confianza en otro, deberíamos estar muy al tanto de qué hace el otro con esa cesión que le hemos otorgado. Porque la confianza depositada se puede defraudar por dos motivos: inutilidad y traición. Y sea por el motivo que fuere la confianza defraudada supone un daño a nuestros intereses, a veces gravísimo e irrecuperable.
Muy buena reflexión.
Gracias joven útil.