ENAIRE avanza en la renovación de uno de los radares esenciales para la operativa del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, una infraestructura crítica para la gestión del tráfico aéreo. La actuación más visible se ha producido esta semana con la instalación del nuevo radomo —la gran estructura esférica que protege la antena— tras el izado previo de la antena y su pedestal.
Este hito técnico se enmarca en un proceso de modernización que culminará antes del verano de 2026. La nueva antena se suma a la tecnología Modo-S ya incorporada en 2024, reforzando significativamente la capacidad del radar en un entorno de alta densidad de tráfico como el del aeropuerto madrileño. Uno de los aspectos más destacados de esta renovación es el mantenimiento del período de giro de la antena en 2,4 segundos, una característica singular que convierte a esta instalación en única para operaciones de alta precisión. Esta velocidad resulta clave para permitir aproximaciones paralelas independientes entre pistas, mejorando la eficiencia y la capacidad operativa del aeropuerto.
Una pieza clave para la seguridad aérea
Los radares gestionados por ENAIRE son fundamentales para garantizar la seguridad de los vuelos, ya que proporcionan a los controladores aéreos información en tiempo real sobre la posición y los datos de las aeronaves. En este caso concreto, la ubicación del radar entre pistas lo convierte en un elemento determinante para las maniobras de aproximación simultánea, una de las operativas más exigentes en aviación. Las tareas de renovación comenzaron hace aproximadamente dos meses con la construcción del nuevo radomo a nivel de suelo. Su instalación final requirió una jornada completa de trabajo bajo condiciones meteorológicas favorables, dada la complejidad del izado de los distintos componentes.

El papel del radomo
El radomo no solo protege físicamente la antena frente a condiciones meteorológicas adversas como lluvia, nieve o viento, sino que también está diseñado para permitir el paso de las señales de radar sin interferencias. Además, facilita las labores de mantenimiento, permitiendo a los técnicos trabajar en condiciones seguras incluso a gran altura y en situaciones climatológicas desfavorables.
Modernización sin impacto en el servicio
La sustitución del sistema ha implicado la retirada del radomo anterior y la actualización completa de la antena y el pedestal con tecnología de última generación. El nuevo radomo ha sido diseñado específicamente para albergar estos equipos. A pesar de que el radar ha tenido que quedar temporalmente fuera de servicio durante los trabajos, la operativa aérea no se ha visto afectada. La cobertura ha estado garantizada gracias a la redundancia proporcionada por otros sistemas, como los radares ubicados en Paracuellos del Jarama. Con una duración total estimada de cuatro meses, el proyecto encara ahora su fase final. La puesta en servicio definitiva del nuevo sistema está prevista para finales de mayo, poniendo el broche a dos años de trabajos destinados a reforzar la seguridad, eficiencia y capacidad del principal aeropuerto español.