Las torres de control son edificios sometidos a un estrés considerable, tanto por dentro como por fuera. Se alzan exentas de todo apoyo o resguardo, soportando ellas solas el viento, la lluvia y el sol, el frio y el calor. Mientras tanto, por dentro, controladores y técnicos de mantenimiento se afanan en un ciclo incesante de turnos para asegurar el servicio de navegación aérea: subidas y bajadas de ascensores, encender y apagar las luces, bájame la pantalla que me da el sol, súbemela que no veo nada. Este ordenador tarda casi media hora en arrancar y el fregadero se ha vuelto a atascar. Y así cada día, 24 horas al día, todas las semanas, todos los meses, todos los años.
El desgaste afecta a los edificios y a las personas, hasta que al final, aunque las personas descansan y eventualmente son relevadas por otras más jóvenes (aunque a un ritmo por lo general insuficiente), el edificio empieza a pedir la jubilación y a decir basta, como en Menorca. Pero esto es un problema conocido que se puede y se debe resolver. Así, en 2014 se determina que a la torre le quedan entre 5 y 10 años de vida operativa, y en febrero de 2019 la directora del aeropuerto aseguraba que tenía sobre la mesa el proyecto básico de renovación de la torre de control. Pero no el de la torre física, la de verdad; un edificio vetusto inaugurado en 1968, la más antigua de España en funcionamiento operativo.
Renovar una torre de control no es un asunto particularmente excitante: un proyecto, un concurso, unos buenos amigos, la oferta más barata y la finalmente escogida… lo de siempre. Pero, al fin y al cabo, el proceso debería terminar con una nueva y flamante torre, probablemente con sus goteras y sus puertas mal ajustadas y su aire acondicionado que no acaba de funcionar, pero al fin y al cabo renovada. El ciclo sin fin. A menos que se nos encienda una luz. Una idea feliz. Una imagen en nuestra mente. Una Torre Remota. Un experimento.
La Torre Remota que en tu c… explota
El gestor aeroportuario anunció el nuevo sistema con pompa y circunstancia: ¡Será increíble! En vez de una torre normal, será una torre virtual. En vez de mirar por una ventana, como recomienda OACI, instalaré unas cámaras, que no se estropean nunca. Y se ve fenomenal, mira, mira, es casi como si lo estuvieras viendo ahí. Puedes hacer zoom y todo (y dejar de ver lo de los lados). Esto va a ser la caña. ¿Y dónde vas a trabajar físicamente? No te preocupes, que ya te apañaremos algo, si te va a dar igual. Vas a flipar tanto con la tecnología y la IA y la visión remota que ni te vas a dar cuenta de dónde estás.
Pero… estamos en 2025 y la llamada torre de control remoto lleva estancada 31 meses, en una “fase de pruebas” que se esperaba poder superar en dos. ¿En dos? ¿Dos meses de fase de pruebas? ¿Para una infraestructura crítica en una isla, a la que solo se puede llegar, o marcharse, cuando se tiene verdadera prisa, en avión? Claro, y me sobra uno. ¿No ves lo bien que se ve? Si parece casi de verdad.
Los controladores aéreos de la torre de Menorca, apoyados por el sindicato SPICA, han conseguido poner de manifiesto la bogeria de todo esto, que viene de boig, “el que ha perdido la razón, o padece una enfermedad mental”. O también, “irracional, excesivo, sin mesura”. Con el apoyo de los políticos locales, a los que nuestros compañeros han explicado de manera clara las consecuencias del proyecto, las quejas y protestas se han sucedido. En una intervención en el Parlament, el diputado popular Jordi Ravanals explicó que la torre virtual solo contaría con una cámara y que esta, por ejemplo, no tiene sistema de autolavado, por lo que una simple lluvia de tierra como la que se ve estos días en la Isla alteraría el tráfico aéreo sin alternativa posible y cuando se producen puntas de tráfico en verano, «Menorca no es el lugar para hacer experimentos ni pruebas piloto». López Ravanals destacó que «la visión actual de la torre abarca 360 grados. Sin embargo, con la torre remota, esta visión se reduciría a 120 grados, generando una imagen poco nítida y una visualización intermitente del movimiento de las aeronaves, lo cual afectaría de forma grave a la consciencia situacional (calidad de visión) de los controladores». En definitiva: se pretende pasar por moderno y por avanzado lo que es en realidad una degradación significativa e inaceptable de las capacidades de vigilancia.
El resultado esta vez ha sido moderadamente positivo: ante las presiones, AENA reniega ahora de su plan para implantar el control virtual. A Maurici Lucena, presidente y consejero delegado de AENA, le ha tocado dar la cara: “Es solo un experimento”; “si llega, será de aquí a muchos años”; se trata de “una prueba piloto de nuevas tecnologías, no para implantarlas inmediatamente, sino para conocerlas”. Por desgracia, la maniobra de evasión contiene un pequeño bicho: seguirán haciendo reformas para estirar la vida útil de la torre y descartan una nueva.
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En fin. La metáfora de las torres funciona aquí: Rohan resiste, pero la Guerra del Anillo está lejos de acabar.
Gestionar desde la ignorancia o aprovechar el conocimiento que tenemos
El problema de esta forma de entender la gestión de la navegación aérea está en que la dirección de ENAIRE se está instalando en un grado de soberbia e ignorancia que impide, no ya el analizar y resolver los problemas, sino incluso el darse cuenta de su naturaleza y verdadera magnitud. Además, el asunto resulta todavía más grave cuando tenemos en cuenta el capital humano desaprovechado en ENAIRE.
Durante muchos años, el colectivo de Controladores Aéreos se ha dotado de profesionales que, aparte de sus capacidades y formación para el desempeño de su profesión, tienen conocimientos y habilidades que la gestión de la empresa parece estar dispuesta a despreciar, ignorar e infrautilizar sistemáticamente. Somos Controladores Aéreos, pero también somos matemáticos, ingenieros aeronáuticos, industriales y de telecomunicaciones, y muchas otras profesiones más.
Sabemos de controlar, pero también sabemos de muchas cosas más. Y la gestión de la empresa haría muy bien en tenernos en cuenta. Cuando se nos dice que una tecnología mágica promete “revolucionar”, “provocar disrupción”, “cambiar el paradigma” y otra serie de cuentos, convendría antes de nada tener en cuenta el conocimiento de aquellos que saben sacar el tráfico adelante y suben y bajan cada día las escaleras oxidadas de esos fanales viejunos. ENAIRE debería poder presumir DE VERDAD de su capital humano. ¿Cuántos altos cargos de la empresa que se dedica a dar el servicio de Control Aéreo son Controladores Aéreos? La respuesta es ninguno. Esto es una anomalía que ha acabado permitiendo que al más alto nivel se tomen decisiones que hay que acabar calificando de “experimentos”.
Estaría bien un poco menos de satisfacción y un poco más de reconocimiento a la labor de los demás, que quedan muchas batallas por librar y estaría muy bien lucharlas juntos y en un clima de lealtad
Y mañana… hablaremos de USCA
En realidad lo diremos ahora. Dice la noticia: “La Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA) ha mostrado su satisfacción por la decisión de AENA de no seguir avanzando en la implantación de una torre de control virtual en el Aeropuerto de Menorca”. Parece que USCA se está instalando en este modelo de alegrarse y sentirse satisfecho por lo que otros sindicatos están consiguiendo.
En este caso, como en tantos otros, ha sido la iniciativa de SPICA la que ha mantenido la presión y ha conseguido que desde la política se denunciase este “experimento” fallido y absurdo. Resulta un tanto desleal que USCA intente colgarse en los medios de comunicación y ante aquellos compañeros que andan un tanto despistados y prefieren no dedicar mucho esfuerzo a informarse los méritos de otros.
Sin la acción sindical real que se está llevando a cabo, los acusados de sedición serían culpables; los controladores de las promociones 31+ tendrían el CPT minorado que USCA acordó y firmó; AESA continuaría poniendo multas a quien le falle el briefing, y los controladores pagándolas; y otro montón de cosas de las que USCA dice que se alegra y siente satisfacción… pero que no ha peleado y que de hecho ha intentado en muchos casos desalentar y dificultar. Estaría bien un poco menos de satisfacción y un poco más de reconocimiento a la labor de los demás, que quedan muchas batallas por librar y estaría muy bien lucharlas juntos y en un clima de lealtad.