Los controladores aéreos de Menorca sostienen que la torre desde la que se presta el servicio, construida en 1969 y la más antigua en servicio en España, ha llegado a un punto en el que su propia configuración física impide sustituir los sistemas y limita la operación del aeropuerto. Lo expusieron el 1 de octubre en la que cifraron en 7 de los 170 millones de euros previstos hasta 2031 lo que costaría la torre nueva que, según su relato, el gestor aeroportuario dejó fuera del plan de inversiones. El caso interesa más allá de la isla porque pone sobre la mesa la frontera entre inversión comercial e infraestructura básica de control.
Una torre de 1969 en la que ya no se pueden sustituir los sistemas
El núcleo del argumento técnico no es la antigüedad, sino lo que impide. Según lo expuesto por el sindicato de controladores, las características del edificio impiden reemplazar y actualizar los sistemas, y el mantenimiento se sostiene canibalizando equipos: se recuperan piezas de otras torres ya modernizadas porque los fabricantes originales de parte del material han desaparecido. En la comparecencia se afirmó que algunos equipos informáticos siguen funcionando con Windows 2000.
El historial de incidencias que pusieron sobre la mesa incluye un fallo de radar el 21 de julio que provocó retrasos, fallos de climatización y una entrada de agua durante las lluvias de septiembre que obligó a colocar recipientes sobre los equipos y dejó a la vista, según su descripción, grietas en la estructura y deterioro en los paneles del techo. Llobet lo resumió en una pregunta operativa: «Si una tarde de verano a las ocho el radar vuelve a fallar, ¿qué hacemos con los pasajeros y los turistas?».
Siete de los 170 millones del plan, según el cálculo de los sindicatos
La crítica central no es que falte dinero, sino cómo se reparte. Los sindicatos sostienen que una torre nueva supondría 7 de los 170 millones de euros previstos para el aeropuerto de Menorca hasta 2031, un plan orientado a ampliar superficies comerciales y zonas de embarque del que la torre quedó excluida. Llobet lo cerró con un «esto es un aeropuerto, no un centro comercial», pero el dato relevante para el sector es el porcentaje: en torno al 4 % del plan, según su cálculo.

La cronología que los propios sindicatos reconstruyen
El elemento más sólido del expediente es que la necesidad no es nueva: según la cronología que expusieron, el gestor admitió hace más de dos décadas que la torre requería sustitución, el proyecto llegó a licitarse y quedó archivado al abrirse la vía de la torre remota.
| Año | Hito según la cronología expuesta por USCA y CCOO |
|---|---|
| 1969 | Entrada en servicio de la torre actual |
| 2003 | Se contempla la necesidad de sustituir la torre |
| 2010 | El proyecto de torre nueva sale a licitación |
| 2020 | La iniciativa se archiva al acordarse la vía de torre remota con ENAIRE |
| 2026 | La torre física queda fuera del plan de inversiones hasta 2031 |
El episodio de la torre remota tiene relevancia profesional propia: los controladores de la isla se habían pronunciado contra ese proyecto y celebraron en febrero de 2025 que se desistiera de él. La consecuencia es la que ahora denuncian: aquel expediente sirvió para parar la torre física y, al caer el primero, no se reactivó el segundo.
Diecisiete controladores y ocho técnicos para una capacidad que se quiere ampliar
En el aeropuerto trabajan 17 controladores y 8 técnicos, según las cifras facilitadas en la comparecencia. El plan del gestor proyecta alcanzar 4,5 millones de pasajeros y 40.500 movimientos de aeronaves anuales, lo que supondría unos 3.000 vuelos y 200.000 usuarios más que en la situación actual. Ese es el contraste que los sindicatos subrayan: se planifica crecimiento de la demanda sobre una infraestructura de control que, en su descripción, no admite actualización tecnológica.
Desde el punto de vista de la prestación del servicio, el asunto no es de confort. La configuración de una torre condiciona el campo visual sobre el área de maniobras, la ubicación de las posiciones de control y la posibilidad de instalar equipamiento de comunicaciones, navegación y vigilancia (Communications, Navigation and Surveillance, CNS) de generación actual. Cuando el edificio limita esas tres cosas a la vez, la capacidad declarable queda acotada por el continente antes que por el contenido.